Los románticos freaks de Xavier Gallego

 

Los monstruos son la obsesión de Xavier Gallego, un diseñador catalán que lleva años viviendo en Nueva York, y que se ha propuesto inundar la red con sus mensajes de amor y de felicidad, utilizando el humor y una línea gráfica original y divertida.

Hay eyesores (que así se llaman sus originales engendros) feos, peludos, con cuernos o con brazos largos. Algunos dan miedo, otros incluso asco pero, todos, son cariñosos, simpático y tienen un corazón lleno de amor para regalar.

Ahora Xavier ha agrupado a muchos de sus eyesores en El amor es cosa de monstruos. Todo lo que deberías saber cuando estás enamorado(Lunwerg Editores), un libro-compendio de frases románticas que puede convertir al más tímido en un monstruo del amor.

¿Es fácil hablar de amor cuando se pone en boca de otros (en este caso de los Eyesores)?

Muchísimo… ¿Quien le va a decir que no a un monstruo? Yo no lo haría.

Este libro ¿Te ha servido como terapia? ¿Eres una persona que acostumbra a contar sus sentimientos a la pareja?

Más que una forma de terapia es un diario personal para no olvidar lo que me pasa. No suelo tener problemas para hablar de lo que me sucede, a parte, se me nota demasiado como para no hablar. De las cosas que le digo a mi pareja, me salen la mayoría de las ideas para los Eyesores y el porcentaje es más elevado cuando hablo en la antesala del sueño. Ahí está la mejor cosecha. Creo que mi pareja tiene la idea de escribir un libro titulado Mi novio es un zombie en el que redacta las conversaciones que tenemos cuando estoy medio dormido. No tienen precio.

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Los mensajes amorosos que dicen tus monstruos parecen que están pensados/lanzados para chicas ¿Era esta tu intención?

Son mensajes que yo digo o uso habitualmente, y a mi, a día de hoy, me gustan las chicas. En especial Carla, que es la que me aguanta y recibe el impacto de la mayoría de ellos. Con el tiempo me he dado cuenta que a las chicas les gustan mis ilustraciones, porque les gustaría recibirlas de sus novios. Mientras que a los chicos les gustan por que les ayuda a expresar cosas que no tienen el valor de decir.

Mi única intención es compartir un poco mi energía positiva, y hacer sonreír al espectador, ya sea con una única ilustración o con el libro completo. Si dibujo una sonrisa, he ganado.

¿Cuáles son las frases que más te gustan?

Mis favoritas son las que tienen un punto más macabro: Te quiero tanto que me comería a mi mismo o, mi favorita: Bésame como si me fueras a comer… ¡Ya te puedes imaginar como se acabo esa noche!

Hay frases positivas, tipo autoayuda como: No seas egoista y comparte un poquito de ti cada día ¿Los Eyesores tienen intención de convertirse en coach?

No lo había pensado nunca pero puede que si. Hoy, mientras contestaba parte de este cuestionario en el bar de la agencia, una compañera de trabajo se me ha acercado para decirme que uso una de mis ilustraciones ( esta http://instagram.com/p/xjhfQVoE0O/?modal=true ) para animar a un niño al que le aterrorizaba estar solo y que el pequeño ya no tiene tanto miedo porque piensa que el monstruo esta con él. Como puedes imaginar… casi lloro de la emoción.

¿Alguna vez le has dicho a alguna chica una de las frases que dice un Eyesore en tu libro? ¿Cuál fue el resultado?

Si… como la chica es americana, seguro que lo puedo contar aquí. Resulta que mi vecina es maja… y a mi pues como que la típica conversación de ascensor sí pero, ir mas allá, me parecía un poco de acosador. Así que se me ocurrió dibujar una nota con varias opciones para que me diese su teléfono. La nota decía algo así como No tengas miedo sólo como helados ( pagina 52 del libro ) y luego le añadí tres respuestas para ir a tomar algo, en la del SI, me tenia que dejar su numero de teléfono… y voila, me lo dejo con un JA JA JA al lado ¿Eso es un éxito no?

¿Algunos Eyesores son más románticos que otros?

Yo creo que si, aunque a veces hay eyesores que yo no considero románticos pero la gente sí. Normalmente siempre hay algunos que son más positivos o, simplemente, que me gustan estéticamente. Lo que sí que es verdad es que, normalmente, los románticos son los que se comparten y popularizan más. Y es que, al fin y al cabo, nos mueve el amor.

¿Qué diría un Eyseore para romper con la pareja? ¿Y qué no le diría nunca?

La verdad es que no se me ocurre uno para romper con la pareja… pero cuando pase te lo twitteo…

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Lady Chatterley’s Lover

She was perfectly dim and dazed, looking down in a sort of amazement at the rather tender nape of his neck, feeling his face pressing her thighs. In all her burning dismay, she could not help putting her hand with tenderness and compassion on the defenseless nape of his neck, and he trembled in a sudden shudder.

Lady Chatterley’s Lover by D.H. Lawrence.

Anthony Green.

Anthony Green.

Hagamos un trato

Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo.

Si algunas veces
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti

La casa de las bellas durmientes

“Su serena respiración era más lenta que la de Eguchi. De vez en cuando el viento pasaba sobre la casa, pero ya no tenía el sonido de un invierno inminente. El bramido de las olas contra el acantilado se suavizaba al aproximarse. Su eco parecía llegar del océano como música que sonara en el cuerpo de la muchacha y los latidos de su pecho y el pulso de ella le servían de acompañamiento. Al ritmo de la música, una mariposa pura y blanca danzó sobre sus párpados cerrados. Retiró la mano de la muñeca de ella. No la tocaba en ninguna parte. Ni la fragancia de su aliento, ni de su cuerpo, ni de sus cabellos era fuerte”.

Fragmento, “La casa de las bellas durmientes”  (1961) de Yasunari Kawabata.

Geisha sleeping on takamakura. 1888-1908, hand-tinted. by Adolfo Farsari

Geisha sleeping on takamakura.
1888-1908, hand-tinted. by Adolfo Farsari

Rayuela

 

“Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo…”

Fragmento del capítulo 7 de la novela “Rayuela” de Julio Cortazar, publicada en el año 1963 por la editorial Sudamericana.

Cover illustration for Kiss or Kill by John B. Thompson, 1961

Cover illustration for Kiss or Kill by John B. Thompson, 1961

Lolita


“Apenas se detuvo el automóvil, Lolita se precipitó literalmente en mis brazos. Sin atreverme a abandonarme, sin atreverme a admitir que ese (dulce humedad y fuego trémulo) era el principio de la vida inefable a la cual hábilmente auxiliado por el destino, por fin había dado realidad, toqué sus labios calientes, entreabiertos con tenues sorbos salaces. Pero ella, con un estremecimiento impaciente, apretó su boca contra la mía con tal fuerza que sentí sus grandes dientes delanteros y participé del gusto a menta de su saliva. Sabía, desde luego, que no era sino un juego inocente de su parte, un retozo que imitaba el simulacro de un amor inventado, y puesto que, como dirían los psicópatas y también los violadores, los límites y reglas de estos juegos infantiles son imprecisos (…)”


Fragmento de la novela “Lolita” de Vladimir Nabokov, publicada en París en 1955, por Olympia Press.

"Lolita" fue llevada al cine en 1962 por Stanley Kubrick.

“Lolita” fue llevada al cine en 1962 por Stanley Kubrick.

La experiencia de Sade

“En mis expansiones eróticas procuro, sobre todo, sacudir la masa de los nervios insensibilizados por medio de la conmoción más violenta posible… Ya no me cabe duda de que el dolor, actuando más intensamente que el placer, logra que las conmociones resultantes de esa sensación, al actuar sobre las otras, las acrecienten mediante una vibración más vigorosa… Nadie duda de que la flagelación, por ejemplo, no posea una efectiva virtud para devolver el vigor perdido”.

Donatien Alfonse de Sade

Vintage illustration. Spank.

Vintage illustration. Spank.

Relato erótico: Carlos y Eva

 

Por Ofas.

A estos dos retoños los conocí un día en una academia de idiomas. Carlos era un chico guapo, de buen talle, estiloso, gracioso, con una gran sonrisa y un saber estar muy de su profesión: actor. A Eva la conocí más tarde, era su novia. Ella también era guapa, de buen talle, con unos ojos preciosos como el mar y abiertos como las ventanas de los hoteles de lujo que dan al océano. Sus cuerpos eran del otro mundo y sus miradas eran puro fuego.
Recuerdo aún como si fuera el primer día el momento en el que Carlos me presentó a Eva. Durante la conversación pude llegar a percatarme de que entre esos dos personajes se estaba produciendo una complicidad y un manoseo que no eran normales. Eran como esas parejas de tortolitos recién recomenzados y follados que a cada segundo tienen que mirarse, tocarse y relamerse.
Decidí estar con ellos cada día después de clase. Era maravilloso verlos: Unas veces caminaban por la calle agarrados de la mano, otras comían sin parar, otras tenían ración doble de miradas. Para mí eran como una especie en extinción que hay que analizar y cuidar para que resista el planeta tierra.
Un día Carlos me invitó a tomar unas cervezas, Eva no estaba y él no paraba de contarme historias que le estaban pasando en la ciudad. Yo me lo pasaba tan bien con él que nunca podía decir que no a una de sus invitaciones. Eva lo llamó varias veces pero él no se enteró porque estaba afanado en beber cerveza. De repente, que fue a las tres horas, una silueta de una ninfa se presentó bajo el arco de la puerta del tugurio en el que nos encontrábamos. Nosotros nos sorprendimos y dijimos –Dios quien la pillara. Sin saber que los que la íbamos a pillar éramos nosotros. Su silueta nos encantó a los dos. A él como si fuera la primera vez y a mí como si fuera algo que tampoco había disfrutado nunca.
Pasaron las horas y el alcohol los tres hablando, riendo, abrazándonos y disfrutando de la tarde hasta que todo dio un giro esperado. Carlos salió a fumarse un cigarro con una nueva amiga de barra que conocimos. En ese momento yo quedé a merced de Eva por primera vez desde que la conocí. No hablamos mucho. Simplemente nos miramos e hicimos como que no nos conocíamos. El problema es que nos conocíamos mejor de lo que creíamos y ese momento nos dijo a los dos que esa tarde se iba a alargar en noche y que, por supuesto, iba a ser maravillosa. Eva me dijo que era guapo, muy guapo y listo. Después de eso entendí todo y ya solo quedaba seguir adelante.
Yo ya me conocía algunos de los secretos que se mecen entre el hombre y la mujer y ella parecía conocerlos mejor que yo. Llegó la hora estar todos juntos y yo decidí irme al servicio sin parar de pensar en aquella pareja y los abiertos ojos de Eva. Al volver los dos me miraron con una cara de pícaros que me dio risa. Se lo dije –sois muy malos, ese fue el momento en el que empezaron a besarse de una manera un poco exagerada. El camarero se quedó boquiabierto y los restantes habitantes del barecillo estaban que lo flipaban. Yo, avergonzado, me intenté retirar pero en ese momento Eva me agarró del paquete y me atrajo hacia ella. Me dijo muy suavemente que tenía ganas de pasarlo bien y yo, intentando mirar a Carlos con cara de estupefacción a la vez que de aprobación, les dije que qué estaba pasando. Ellos se miraron, me miraron y me dijeron Coge tu mochila que nos vamos de aquí. Yo no sabía qué hacer pero quedarme allí no era la respuesta acertada.
Nos paramos a comer un trozo de pizza y ahí creía que acabaría todo pero no fue así. Esa pizzería iba a ser donde se iban a firmar las órdenes de desembarco y ataque de lo que sería una noche de mil demonios en una cuartucho de un hotel de mala muerte de la calle 52.
Yo no sabía ya que hacer así que decidí simplemente dejarme llevar. Eva fue la primera en quitarse la ropa, Carlos vino después y a mí me la quitaron al ver que ni con más de dos litros de cerveza en el cuerpo no me decidía a hacer nada.
Él se moría de vergüenza y lo que menos esperaba iba a ser la noche que le íbamos a hacer pasar. ¡Qué cateto!, pensé. Pero qué inocente y bien puesto pedazo de tío. Yo ya me había quitado la ropa y solo quería que estos dos se perdieran en mí con sus lenguas. Quería besos, lamidas, caricias y que me apretasen bien fuerte contra lo que fuera. Ellos se notaban cobardes, recelosos y un poco asustados al compartir el mismo sexo pero eso a mí me iba empezando a dar un poco igual. El primero que empezó a embestirme en besos fue mi amado Carlos. Él siempre sabía muy bien lo que hacer para darme placer. El otro estaba asustado no sabía si tocarme sería algo peligroso así que decidí saltar hacia donde se encontraba y comerle la boca a mordiscos. Le metí la lengua en su boca de tal manera que casi le hago vomitar. Estos ataques eran los propios de una borrachera y cuatro besos cerdos que me iban poniendo a tono todo mi cuerpo. Cuando dicen aquello de que el universo es uno deberían de venir a verme a mi casa mientras follo para comprobar que exactamente es así. Cada caricia, beso, mordisco, golpe intencionado o no o arañazo iban directamente ahí. A mi cerebro, a mi clítoris y a mis senos.
Parece que al final se animó y empezó a quedarse sin ropa y con un buen motivo entre sus piernas. Yo era afortunada y tenía dos buenos rabos para llevarme a cualquier parte de mi cuerpo a la hora que quisiera y sin miseria alguna. Ellos tenían a una tigresa que poseía un cuerpo de lujo a sus ojos y que estaba tan a punto que podría no tardar en explotar de placer. Estaba muy caliente y no paraba de sudar pero a la vez no me molestaba nada puesto que mi cuerpo estaba en pleno éxtasis.
Primero tú mi nuevo amante y después mi Carlos. Quiero que los dos me deis mucho amor a la manera que mejor me complazca. Voy a estar aquí y vais a ser mis amores esta noche y no pararé hasta que me caiga muerta de placer a descansar. Pero tenéis que darme algo. No deberíais de esperar.
Cada parte de carne de Eva se derretía en mi boca como nata. Era tan suave y estaba tan bien dotada que quería comérmela en cada beso y a cada dentellada. Carlos me dejaba ser y yo no paraba de darle todo lo que salía de mí. Las posiciones se fueron cambiando durante la noche y todos empezamos a quedarnos satisfechos con cada uno de los momentos que nos ofreció esa noche.
Una noche que me encantó y que nunca olvidaré. Nueva York, bebidas, sexo y un poco de amor. Pero sobre todo carne y sudor.

Foto de Francisco Secci.

 

Mortal y rosa

“Otro accidente diario es la erección innecesaria, agresiva y ostentosa que padece uno después de varias horas de cama. No habría en el mundo destinataria digna de tales erecciones.
Este alarde eréctil va dirigido contra la nada, contra una mujer inexistente de sombra y sueño, vano fantasma becqueriano de niebla y luz. Es la prepotencia sin deseo, la pura mecánica del sexo que descubre en mí lo que tengo de émbolo, de máquina y de antropoide. Con una mujer delante, todo sería de dimensiones humanas, correcto, eficaz y razonable. Así, no es sino un último alarde innecesario de la selva que me habita, una naturaleza descalabrante, una barbaridad. A este mecanismo que responde solo, a este juego de palancas le hemos puesto literatura, matices, alejandrinos”.

 Fragmento de “Mortal y Rosa” de Francisco Umbral

Michael fassbender en la película Shame.

Michael Fassbender en la película Shame.

White Nights

“I am a dreamer. I know so little of real life that I just can’t help re-living such moments as these in my dreams, for such moments are something I have very rarely experienced. I am going to dream about you the whole night, the whole week, the whole year. I feel I know you so well that I couldn’t have known you better if we’d been friends for twenty years. You won’t fail me, will you? Only two minutes, and you’ve made me happy forever. Yes, happy. Who knows, perhaps you’ve reconciled me with myself, resolved all my doubts“.
Fyodor Dostoyevsky, White Nights and Other Stories
Steve McQueen

Steve McQueen

Manhattan y sus penes

Por Mara Blixen.

Hoy me he despertado muy excitada. Después de asearme y mientras hacía mi entrenamiento de mindfulnes (meditación), los pensamientos inoportunos se me escapaban hacia la reconstrucción del sueño que he tenido. Perturbador. Ayer mi hija me sorprendió con un trozo de piel de un dragón de Komodo que traía del cole. Sentí curiosidad y me puse a buscar información sobre esos bichos y resulta que tienen dos penes. Carajo. Enseguida me fui a dormir. En la noche me convertí en una arquitecta de lo más cool. El sueño fue agitador. Comenzó con un agradable paseo a pie para ir a trabajar. Era un hábito diario que no perdía para poder presumir de buen culo. El día era frío pero los rayos de sol que se colaban entre los edificios de la segunda avenida me hacían sentir bien, aunque…, había algo extraño esa mañana. La ciudad se veía diferente. Cuando llevaba cinco minutos de paseo me di cuenta de que los rascacielos de siempre se habían transformado en soberbias arquitecturas falo-céntricas (palabra acuñada por Lisa Simpson). Todos esos edificios que había conocido en revistas o en mis viajes abrazando el globo, ahora los tenía delante, uno detrás de otro, insinuándose a mí de mil maneras distintas. Sentía como pretendían seducirme para conquistarme. Cada uno lo hacía a su manera. Algunos se alzaban erectos, arruga sobrante, como la torre Foster de Londres. Un paso más adelante, la torre Agbar de Barcelona. Otros eran un poquito más “normcore”, limpios, naturales, como la torre de agua Ypsilanty en Detroit. Su prepucio tan perfecto hizo despertar algo entre mis piernas. ¡Qué buenas vibraciones había en el aire de Manhattan! También los había en pareja presumiendo de amor perfecto como las Marina City de Chicago, como mi dragón de komodo. Y más allá pasada la plaza bailaban revoltosas y juguetonas a modo de trío las torrecillas culebrescas de Zaha Hadid en Dubai. Me lo estaba pasando pipa entre tanto pene suelto. ¡Caramba lo que daba de sí ese trocito de piel!

De izquierda a derecha Torre de Zaha Hadid en Dubai, proyecto de Alejandro Zaera Polo para el World Trade Center en Manhatan y las torres Marina City de Chicago.

Pero cuando doblé la esquina con la quinta, sentí un sobresalto. El divertimento de segundos antes desapareció. Me tensé. Todo cambió. ..Ya no había luz, tenía mucho frío. Los tríos dieron paso a deformidades asombrosas insultando al poliamor. Las desaparecidas y sobrias vergas gemelas me invitaban a unirme a ellas pero ahora se transformaban en monstruosas Torres Velascas de Milán. Sus prepucios cuadrados cada vez eran más voluminosos y de sus ventanas surgían testículos deformes a modo de naves nodrizas secuestrando a las mujeres. Éstas hacían lo imposible por escapar. Empecé a correr. Los espermatozoides del famoso dibujo de Alejandro Zaera Polo para su proyecto del concurso en el World Trade Center tras el 11S, me perseguían tan veloces como lo hacen dentro de una vagina. No tenía escapatoria. Terminaría fatalmente follada, devorada, tragada por la sucesión infinita de vergas inquisitoriales. El paisaje era espeluznante y para entonces me sentía desorientada y aterrorizada. Me quedé paralizada. Decidí dejarme engullir por el destino. No sé cuánto tiempo estuve en aquella situación pero, no recuerdo cómo, apareció Super Man, me cogió de la mano y abriendo su capa echamos a volar. Las zahas, nouveles, y otras estrellas falísticas se hicieron cada vez más pequeñas hasta que desaparecieron. Super Man y yo volamos los cielos de USA para terminar muy abrazados en la cubierta del único edificio del mundo en forma de polla (ni alzado ni sección, desde el cielo podía ver una planta perfecta con el pene medio erguido y los huevos encajados en su sitio). En el tejado de esa iglesia pollística se respiraba paz y Super Man era más que Super Man…, y yo me quedé tranquila…, y desperté.

De izquierda a derecha y de arriba abajo. Torre de agua Ypsilanty, torre Foster de Londres, torre Agbar de Jean Nouvel en Barcelona, iglesia cristiana en Dixon, Illinois.